¿Tus perfiles sociales hablan de ti, solo de ti, y, si sobra… de ti? ¿Se basa tu estrategia de contenidos principalmente en las bondades de tu marca, y no tiene cabida nada, ni nadie más? En ese caso, sí, tu marca es una egocéntrica.

El egocentrismo en las redes sociales es una dolencia bastante extendida, todavía a día de hoy. Incluso cuando los medios 2.0 ya son una vía habitual para las marcas; canales que han integrado dentro de su estrategia de comunicación.

En cambio, hay algo que no cuadra, que no se ajusta a lo que los clientes esperan de las marcas en estos canales: las marcas continúan mirándose el ombligo en las redes sociales. Piensan que son el centro del universo 2.0, y sus perfiles sociales solo merecen albergar noticias, mensajes y, en definitiva, contenido, que satisfaga las necesidades de su henchido ego.

Estos son los síntomas más habituales del egocentrismo en las redes sociales:

Cualquier hecho, noticioso o no, que tenga que ver con la marca o sus productos, merece una cobertura especial, por parte de los perfiles corporativos de la empresa. En definitiva, primero la marca, a continuación la marca y, si sobra, la marca.

Es impensable hablar de temas relacionados con el sector en el que desarrollan su actividad. “¿Para qué?” piensan ¿a quién le importa eso? Desde luego, a ellos no. En cambio, es el mejor modo de generar interés y atraer a su público objetivo. Hablándoles de aquello que les pueda interesar, aportando valor y, por qué no, algún toque de humor, y contenido que pueda apelar a sus emociones. De ahí que, si no somos capaces de generar contenido de variada naturaleza, y satisfacer las expectativas de nuestros seguidores, pongamos en marcha el motor de curación de contenidos, y veamos qué hay más allá de nuestras fronteras.

Sus productos y servicios son omnipresentes en su estrategia de redes sociales. El eje fundamental de su estrategia de comunicación es comunicar sus productos, ofertas y ventajas de los mismos. A eso han venido al mundo 2.0. El uso que hacen de los canales 2.0 es el mismo que siempre se ha dado a los medios tradicionales de comunicación. Véase prensa, radio y televisión. Con esto nos referimos a la emisión indiscriminada (con el agravante de que no hay que pagar por publicar en las redes sociales) de mensajes de autobombo, promociones y ofertas varias.

La competencia es un tema tabú. Si ya de por sí resulta difícil admitir que alguna marca pudiera hacernos sombra, imagina lo que sería compartir algo suyo en los perfiles sociales de la empresa. ¡Ni por asomo! Sin embargo, bien mirado, incluso desde el punto de vista egocéntrico que nos atañe, sería símbolo de autoconfianza, de estar tan seguros de nuestro saber hacer, que no nos importaría mencionar ese interesante estudio sobre el sector que acaban de publicar, o incluso saludarles públicamente, ante el inminente encuentro en una importante feria internacional. Antes de negar la existencia de la competencia, conviene evocar aquello de que “al enemigo conviene tenerlo cerca”.

Los clientes no tienen nada que aportar. Por eso, ni se les escucha, ni mucho menos se interactúa con ellos, o con su contenido. Volvemos a la máxima sobre la que gira este escrito: las marcas son el centro del universo 2.0. Y además ejercen un poder atrayente e irresistible; poseen un aura de la cual se prenden los clientes, y con la que alimentan sus propios perfiles. ¡Despierta! nada más lejos de la realidad. Si algo caracteriza al medio online es el cambio de roles entre marcas y usuarios: el empoderamiento de la gente de a pie, que disfruta en este entorno digital compartiendo aquellos contenidos que le interesen, o consigan despertar en él alguna emoción. Justo lo contrario de la gris y monótona comunicación corporativa. Además, este nuevo poder que les ha otorgado las redes sociales no es otro que el de tener voz, y voto. El cual no dudan en ejercer, cuando se trata de hacerse oír frente a las todopoderosas marcas. Y pobre de la marca que no les escuche.

Definitivamente, las marcas han venido a las redes sociales a hablar de su libro. En cambio, los usuarios no tienen el más mínimo interés en ojear sus páginas. De ahí la frustración que les invade cada vez que comienzan a seguir a una marca, y esta reduce su actividad a su henchido ego ¿lo habéis sentido alguna vez?